Por la sequía, aumenta la faena bovina en Río Negro
Mientras la actividad frigorífica atraviesa un momento de retracción a nivel nacional, con una marcada caída en los niveles de faena durante el primer trimestre de 2026, la provincia de Río Negro se destaca como una excepción dentro del mapa ganadero argentino. La caída en el país fue del 7,5% mientras que en la provincia creció el 7%.
Sin embargo, el dato no es del todo alentador ya que el incremento se debe a condiciones adversas en el sector, como la persistente sequía.
Según los últimos informes publicados por la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca (SAGyP), entre enero y marzo de este año se enviaron a faena en todo el país un total de 2.973.000 cabezas de ganado vacuno. La cifra representa una caída del 7,5% en comparación con el mismo período de 2025 y una disminución aún más pronunciada, del 9,2%, si se la contrasta con el promedio de los primeros trimestres de las últimas cinco campañas (2021-2025).
En este escenario adverso, Río Negro emerge como un caso atípico. Durante el primer trimestre de 2026, la provincia registró una faena de aproximadamente 38.900 cabezas de ganado vacuno, lo que implica un crecimiento interanual del 7%. En términos concretos, se trata de unas 2.500 cabezas adicionales respecto al mismo período del año anterior.
Este incremento resulta particularmente llamativo si se tiene en cuenta el contexto nacional de caída generalizada. No obstante, al analizar una serie más amplia, se observa que el desempeño rionegrino aún se ubica levemente por debajo del promedio de los primeros trimestres del período 2021-2025, con una caída cercana al 2%.
Las razones detrás de este comportamiento diferencial no responden a un fortalecimiento estructural del sector, sino más bien a condiciones adversas que afectan a la producción primaria. La sequía persistente en la región patagónica ha reducido la capacidad de los campos para sostener el stock ganadero. Ante la escasez de pasturas y agua, muchos productores se ven obligados a desprenderse de su hacienda antes de lo previsto, incrementando así la oferta de animales para faena.
De este modo, el crecimiento en los niveles de faena en Río Negro no necesariamente refleja una expansión del negocio ganadero, sino una respuesta forzada a las limitaciones productivas impuestas por el clima. En otras palabras, lo que en las estadísticas aparece como un aumento puede interpretarse también como un síntoma de fragilidad en el sistema productivo regional.
